Ezequiel
La manada entera parecía respirar distinto desde la muerte de mi madre.
El aire del territorio se sentía espeso, cargado de una atención que no encontraba salida y se quedaba suspendida entre las casas, los árboles y el suelo que conocía tantas historias.
Nadie hablaba en voz alta, nadie caminaba con seguridad, nadie se atrevía a mirar al futuro sin que la sombra de su ausencia se metiera en medio.
La Luna de esta manada había caído, y lo había hecho de un modo que dejó a todos mirando