LOIS
La cena no había empezado y ya sentía que el vestido me apretaba el pecho. No por el diseño, sino por la tensión.
Sabía que era importante, la primera impresión que dejaría ante la familia de los gemelos, pero no imaginé que al cruzar la puerta todos se pondrían de pie.
Mi corazón tropieza. Ese tatuaje en su cuello, una garra dentada que se curva bajo su mandíbula… es él. El chico del tren.
Él había estado allí, fue quien me ayudó a entrar al vagón restaurante cuando nadie más lo hizo, pue