Valeria apenas pudo retroceder un paso cuando Noah la levantó con facilidad, obligándola a rodearlo con sus piernas alrededor de su cintura. Valeria ahogó un grito de sorpresa cuando lo vio avanzar hacia la puerta y echar el seguro.
—¿Qué haces? ¡Estamos en la empresa! —protestó con un hilo de voz.
Él pegó la frente a la suya, la respiración áspera, ardiente.
—Shhh… —rozó sus labios sin llegar a besarlos—. No me pidas que pare. No después de todo lo que me hiciste contener.
Sus labios chocaron