La sala de audiencias estaba abarrotada. Periodistas con cámaras, reporteros con libretas, espectadores apretados en los bancos como sardinas en lata. El aire vibraba con una electricidad casi visible, cargada de expectación y morbo.
Sophie Strozzi permanecía en primera fila, con la espalda tan rígida que dolía solo mirarla. Sus manos estaban entrelazadas con tanta fuerza que los nudillos habían perdido todo el color.
Alessandro observaba todo desde la pantalla en Regina Coeli. Su corazón mart