Valeria no podía apartar los ojos de la pantalla donde transmitían el juicio en vivo.
Llevaba horas sentada en el borde de la cama, la laptop apoyada sobre rodillas que no dejaban de temblar. Cada vez que el juez hablaba, contenía la respiración. Cuando pronunció "libertad inmediata", la tensión acumulada de semanas se rompió en un silencio ensordecedor en la habitación.
Colapsó en un sollozo seco, apenas un gemido.
Mónica la abrazó, permitiendo un breve momento de vulnerabilidad. Valeria se af