Dos semanas después de la tregua, Valeria se refugiaba en Aurora Global: reuniones, esculturas, materiales. Todo era trabajo, y eso era bueno. Le servía para no pensar en Noah… aunque cuanto más intentaba olvidarlo, más lo sentía.
Esa tarde, tras dos jornadas en Aurora, Valeria llegó al taller con un vestido azul cielo de botones, ceñido a la cintura por una cinta del mismo tejido.
Noah la vio antes que nadie. La herramienta se le quedó suspendida en la mano, temblando apenas un segundo demasia