Valeria observaba las nubes a través de la ventanilla. El zumbido constante de los motores había dejado de ser ruido hace horas; ahora era solo un ronroneo sordo que la mantenía despierta. Ruiz dormía a su lado con la cabeza inclinada, pero Mónica seguía despierta, leyendo algo en su teléfono.
Valeria apretó los dedos contra el reposabrazos. Sentía las yemas entumecidas por la presión constante desde que despegaron de Ciudad de México. Sus uñas dejaban pequeñas medias lunas en la palma de su ma