El precio del amar (3era. Parte)
Tres días después
En alguna parte de Kazanlak
Viktor
Para ver caer a Dominic necesitaba estar ahí. No me bastaba con mover piezas desde la sombra ni con recibir informes fríos. Quería la primera fila. Ver cómo la sangre se le escapaba del cuerpo. Quería escuchar las suplicas de Arianna cuando entendiera que no había salvación.
Por eso dejé Moscú. Por eso me instalé en mi fortaleza oculta en Kazanlak.
El secuestro ya estaba en marcha cuando llegué. Solo quedaba esperar.
Y ahí estaba en la sala. El habano ardía lento entre mis dedos mientras aguardaba. Mis hombres, armados, ocupaban puntos estratégicos. Nadie entraba sin mi permiso. Nadie salía vivo si yo no lo decidía.
Entonces escuché los pasos arrastrados y desordenados entre insultos ahogados. Sonreí antes de girarme.
Tatiana apareció en la puerta con su uniforme de enfermera aún puesto, sujetando del brazo a una mujer que no necesitaba presentación. No por los informes, no por las fotografías… sino por la manera en que caminaba.
Ar