Mi vida contigo (2da. Parte)
Una semana después
Kazanlak
Dominic
Supe desde la primera vez que vi a Arianna que no sería alguien de paso en mi vida. No, ella no venía a rozar: venía a clavarse en mi pecho y lo hizo sin pedir permiso.
Fue su terquedad primero. Esa manera suya de provocarme, de sacarme de quicio, de desafiarme con la mirada como si yo no fuera Dominic Todorov, sino un hombre al que podía manejar a su antojo, después fue peor: se volvió mi aliada. Mi compañera incondicional. La mujer que no retrocedió cuando el mundo se derrumbaba.
Lo confirmó aquel día en la bodega, frente a los clanes, frente a mi padre. Solo Arianna tuvo el coraje y la entereza de plantarse ahí y respaldarme sin titubear. Sin bajar la mirada, sin negociar su dignidad. Ahí supe que quería más que noches esporádicas o promesas a medias.
Admito que mi declaración fue un desastre. Torpe, directa, muy yo. No obtuve un “sí” inmediato… pero Arianna respondió a su manera. Y con ella, eso siempre significa algo más profundo que las palabr