El domingo amaneció con un cielo despejado y un frescor que invitaba a respirar hondo. Las parejas del retiro se reunieron en el jardín trasero, donde Valeria había preparado una actividad especial. Vendas negras sobre una mesa de madera. Un sendero marcado con cuerdas blancas que se adentraba en el bosque.
—Buenos días, queridos —dijo Valeria, con su voz siempre serena—. Hoy vamos a hacer un ejercicio de confianza. El más importante de todo el retiro.
Los esposos y esposas murmuraban, nervioso