Mundo ficciónIniciar sesión«Quítate la ropa». Un rubor le subió a las mejillas. Dudó apenas un instante antes de que los delicados tirantes de su vestido rojo se deslizaran de sus hombros. La seda cayó a sus pies, dejándola solo con tacones y un delicado encaje negro, temblando con una vulnerabilidad que jamás había conocido. Él se movió lentamente a su alrededor, un depredador en la penumbra. Sus dedos recorrieron su columna vertebral con delicadeza, deslizándose sobre la curva de su cadera y rozando la suavidad de su cuerpo. Ese simple roce le provocó escalofríos, y su cuerpo respondió con una intensidad que la dejó sin aliento. Sin previo aviso, la agarró del cabello, inclinando su cabeza hacia atrás hasta que sus miradas se cruzaron. Su mirada ardía con fuego oscuro. «Esta noche eres mía», dijo con voz baja y autoritaria. «Cada parte de ti. ¿Entiendes?». «Sí», susurró ella, apenas audible. «Soy tuya». En los rincones oscuros del deseo y la entrega, Wild Fantasy transporta a los lectores a un viaje embriagador a través de anhelos ocultos y lazos inquebrantables. Desde órdenes apasionadas hasta momentos de cruda vulnerabilidad, Wild Fantasy ofrece una colección de historias apasionantes que exploran la dominación y la sumisión, el intenso intercambio de poder y la emocionante línea que separa el control de la liberación. Cada relato está diseñado para sumergir al lector en mundos íntimos de anhelo, donde los límites se desdibujan y los deseos se encienden. Estas historias perduran mucho después de la última página, rebosantes de tensión, emoción y encuentros inolvidables que despiertan algo primigenio y adictivo. Una audaz obra de ficción romántica para quienes se atreven a explorar las profundidades de la fantasía y el fuego de la entrega absoluta.
Leer másLa Verdad Bajo las Cenizas 2Punto de vista: Isadora—¿Y ahora qué hacemos?Lo miré. —Lo que debimos hacer desde el principio.—¿Qué?—Encontrar al verdadero enemigo.Rafael sostuvo mi mirada. Sus ojos bajaron un instante a mi boca, luego a mi vientre, y regresaron. —Sebastián.Asentí. —Sebastián.Por primera vez, la palabra no representaba solamente venganza. Representaba una guerra. Una guerra que ahora teníamos que librar juntos. Y el “juntos” me hizo sentir un calor distinto, más profundo, que se instaló entre mis piernas y se expandió.Rafael tomó mi mano. Fue un gesto sencillo. Sin órdenes. Sin posesión. Sin juegos. Solo su mano alrededor de la mía, el calor de su piel, el roce de sus dedos contra mi muñeca. Sentí el latido de su pulso. Quise llevarme esa mano a la boca, besar la palma, pero me contuve.—No voy a volver a usarte para llegar hasta él.—Más te vale.Una pequeña sonrisa apareció en su rostro. Esa sonrisa que siempre me desarmaba. —Sigues siendo difícil.—Y tú sigue
La Verdad Bajo las CenizasPunto de vista: IsadoraLa fotografía seguía sobre la mesa cuando cerré la puerta de la sala. El clic suave de la cerradura resonó en el silencio como un punto final. No podía dejar de mirarla. Mi padre estaba allí. Mi madre también. Y detrás de ellos, con esa misma postura recta que Rafael heredaba sin saberlo, estaba el padre de Rafael. Los tres parecían tranquilos, casi distendidos, como si aquella noche no fuera a convertirse en la peor de nuestras vidas. Como si no supieran que, tres días después, aquella casa quedaría reducida a cenizas negras y el olor a humo se incrustaría para siempre en mi memoria.Rafael permanecía frente a la ventana, inmóvil. La luz de la tarde se deslizaba sobre su perfil, marcando la tensión en su mandíbula, la rigidez de sus hombros bajo la camisa. Nunca lo había visto así. Ni siquiera cuando Sebastián había expuesto nuestras fotografías delante de toda aquella gente. Ni siquiera cuando lo arrestaron Matías. Ni siquiera cuand
El pacto del enemigo 2Punto de vista: RafaelEl rubor de la ira inicial se había desvanecido, dejando su piel casi translúcida. «¿Mi padre?» «Posiblemente». Negué con la cabeza. «Mi padre murió dos años después del incendio». Ximena asintió. «Exacto». Me quedé mirando los documentos. Algo no encajaba. Las fechas. Las firmas. El rastro minucioso del dinero que no debería haber existido. Entonces vi una firma. No era la de mi padre. Era de otra persona. Una firma que yo conocía. Me detuve. Me faltó el aire. «¿Qué pasa?» Isadora se acercó. El calor de su cuerpo rozó mi brazo. Señalé. «Ese nombre». Ella lo leyó. Sus ojos se abrieron de par en par. «No». «¿Qué?» «El abogado de mi padre». Ximena asintió. «Lleva quince años muerto». Silencio. Denso. Absoluto. Sentí cómo las piezas se movían, reorganizándose en una forma que aún no comprendía. El incendio. El fideicomiso. Las acciones. Mi padre. El padre de Isadora. Sebastián. Nada de aquello tenía sentido todavía. Pero alguien lo
El pacto del enemigoPunto de vista: RafaelLa fotografía permaneció sobre la mesa, entre nosotros.No podía apartar la vista de ella. Los bordes estaban amarillentos por el paso del tiempo y una fina doblez cruzaba el centro —donde alguien la había plegado con cuidado antes de guardarla—, pero los rostros eran inconfundibles. Los padres de Isadora posaban frente a la antigua finca de los De la Vega; la luz del sol iluminaba los muros de piedra que había tras ellos. Y detrás de ellos estaba mi padre.Durante varios segundos, nadie habló. El silencio se adhería a mi piel como un peso físico. Entonces Isadora me miró con los ojos oscuros y firmes.—Tu padre estaba allí.Su voz sonó baja. Eso fue peor que si hubiera gritado. Sus palabras suaves se deslizaron bajo mis costillas y se alojaron allí, frías y afiladas. Volví a observar la fotografía buscando algún error, algún juego de luces o sombras que explicara por qué el hombre que estaba detrás de sus padres tenía la misma mandíbula fir
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