091. El Canto de la Sirena de Plata
Los días que siguieron se convirtieron en un extraño ballet de preparación y una intimidad aún más extraña. La cabaña, su fortaleza recuperada, era un microcosmos donde el mundo exterior solo existía como un eco en el teléfono encriptado de Florencio. Él, desde su puesto de mando en la mesa de la cocina, se convirtió en el maestro de una orquesta de espías y drones. Y Selene, en el arma que estaban afilando.
Descansó. Comió. Durmió. Dejó que su cuerpo, por primera vez, sanara sin la presión de