090. La Casa de los Ecos
La camioneta se detuvo en la oscuridad, a un kilómetro de la cabaña. No se atrevieron a acercarse más con el motor. El resto del camino lo hicieron a pie, un regreso silencioso a través de un bosque que ahora se sentía extrañamente familiar. Él iba delante, el fusil listo, pero su atención no estaba en las sombras que los rodeaban, sino en la figura que lo seguía. Selene, envuelta en su chaqueta, caminaba con un agotamiento que parecía tallado en sus huesos, pero con la cabeza alta.
Cuando lleg