039. Tu Nombre en Boca de Extraños
Esa mañana del segundo día no trajo el sol, sino una luz lechosa y anémica que se filtraba por los postigos, una luz que parecía tener miedo de iluminar por completo la mugre y los secretos de la cabaña. El aire adentro estaba viciado, impregnado del olor a café quemado, a whisky evaporado y a la tensión no resuelta entre dos cuerpos que habían compartido demasiado silencio.
Selene no había vuelto a la habitación. Se había quedado en el sillón de cuero, hecha un ovillo dentro de la chaqueta de