CAPÍTULO 86: SOMBRAS SOBRE LA NIEVE
Dmitry
El aire afuera del búnker huele a ceniza y pólvora. A muerte. El humo aún se eleva como lenguas negras hacia un cielo enrojecido por la explosión. Eden se apoya en mí mientras cruzamos los escombros. Está temblando, aunque no sé si por el frío o por el miedo, pero la sostengo más fuerte. Tengo la sensación de que si la suelto, la pierdo.
No digo nada, todavía no.
El silencio entre nosotros pesa. No por indiferencia, sino porque cada palabra que pronuncie a partir de ahora va a importar demasiado.
Cuando por fin nos alejamos lo suficiente del epicentro, saco el teléfono satelital que llevaba en una bolsa sellada y marco el número de emergencia, el único que nunca he olvidado.
Svetlana responde en el segundo tono.
—¿Dónde están? —dice sin rodeos.
—Saliendo del búnker. Necesito una ruta de evacuación. ¿Tienes a la niña?
—La tengo. Está bien, Dmitry, está conmigo.
Cierro los ojos un segundo. Es la primera vez que respiro desde que todo esto empez