CAPÍTULO 100: RENACER DE LAS CENIZAS
Eden
1 mes después…
El silencio del norte tiene algo de sagrado. No es el tipo de silencio incómodo de una sala de hospital ni ese que se cuela en las peleas antes del grito. Este es distinto. Es frío, puro, casi piadoso. Como si el mundo supiera lo que hemos perdido y decidiera, por una vez, no decir nada estúpido al respecto.
Nos escondemos en un pueblo diminuto, con un nombre impronunciable y casas de techos inclinados que parecen salidas de una postal antigua. Dmitry lo encontró. Claro que sí. Mi Freezer siempre sabe dónde desaparecer, incluso cuando todo lo demás parece haber ardido hasta los cimientos.
La cabaña tiene una estufa de leña, ventanas que dan a un bosque eterno y un silencio que aprieta, pero no ahoga. Dmitry camina por la casa con nuestra hija en brazos, y por primera vez en años no lleva un arma encima, no necesita una. Al menos, no ahora.
Lo veo mirarla como si aún no creyera que es real. Y cuando la niña se ríe, con ese sonido