CAPÍTULO 99: EL LEGADO CAIDO
Nikolai
Todo huele a sangre, humo y traición cumplida.
El suelo tiembla, como si incluso la tierra misma quisiera tragarse esta historia de pecados heredados. Mi abrigo está empapado, no sé si de mi sangre o de la de otro, pero la sensación es cálida y pegajosa. Supongo que eso ya no importa.
Eden corre. La veo entre los cuerpos deshechos con el cabello suelto y empapado. Lleva a la niña contra el pecho, su pedacito de esperanza, y grita el nombre de Dmitry como si pudiera conjurarlo entre el caos, pero no el mío.
Svetlana la alcanza, siempre eficiente, siempre más fuerte de lo que aparenta. Le arranca a la niña de los brazos con una delicadeza brutal. Eden duda un segundo, maldice, pero cede. Ambas huyen por el pasillo en ruinas, hacia la salida marcada, hacia la luz incierta.
Anatoli, ese bastardo que aún cree que la lealtad es un dogma más fuerte que la sangre, se planta frente a nosotros. Su pistola brilla bajo la ceniza flotante, y sus ojos están vací