CAPÍTULO 96: EL PRECIO DE LA REDENCIÓN
Eden
El viaje de regreso a Rusia es un vómito de ansiedad que no se me despega del cuerpo. No dormí, no lloré, solo abracé a mi hija y esperé que los motores no fallaran, que los controles improvisados de Svetlana funcionaran y todo saliera a tiempo. Es irónico pensar que después de todo lo que pasamos, ahora soy yo la que corre hacia el fuego con los brazos abiertos.
Nikolai no dice nada durante las primeras horas. Está sentado al otro lado con la mirada clavada en la ventana, pero yo sé que no ve nada. Su perfil luce tenso y agotado, culpable. No intento consolarlo, no puedo. Cada vez que lo veo solo siento rabia y dolor.
Su traición me desgarra el pecho. No puedo creer que haya sido tan egoísta como para preferir que matasen a su hermano solo… por mí. Es horrible, no quiero ser la razón de algo así, y aunque me asegure que lo hizo por amor, no puedo ver nada más que egoísmo en un acto así.
Cuando aterrizamos, la nieve de San Petersburgo nos re