CAPÍTULO 87: PODRÍA, PERO…
Nikolai
Moscú me recibe como un amante traicionero: fría, gris, y con el aliento de la muerte colgando en el aire. No debería haber vuelto. Podría estar en una playa italiana, curándome las costillas rotas con whisky barato y alguna modelo de piernas largas, pero no, aquí estoy, entrando al león de la Bratva con un agujero en el costado, medio cojeando y con un chip escondido bajo la camisa que podría cambiar el curso de todo. O destruirlo.
Valentin me mira de reojo m