CAPÍTULO 87: PODRÍA, PERO…
Nikolai
Moscú me recibe como un amante traicionero: fría, gris, y con el aliento de la muerte colgando en el aire. No debería haber vuelto. Podría estar en una playa italiana, curándome las costillas rotas con whisky barato y alguna modelo de piernas largas, pero no, aquí estoy, entrando al león de la Bratva con un agujero en el costado, medio cojeando y con un chip escondido bajo la camisa que podría cambiar el curso de todo. O destruirlo.
Valentin me mira de reojo mientras nos internamos en el edificio de concreto que huele a cigarro viejo y sangre reseca. No hay necesidad de escoltas, él y yo sabemos que ya estoy en la boca del lobo.
Mi padre no hace esperar. Por supuesto que no. Cuando entras a su oficina, no hay saludos ni formalidades, hay puños. Y esta vez, van directo a mi cara.
El primer golpe me saca el aliento. El segundo, me rompe un poco más la boca. Me tambaleo, pero no caigo, no le doy ese gusto.
—¡Eres un maldit0 idiota! —escupe. Su voz es hi