CAPÍTULO 97: LA SANGRE LLAMA
Dmitry
No sé cuánto tiempo ha pasado desde que me encerraron en esta celda húmeda. Las paredes transpiran desesperanza y el silencio está plagado de voces que ya no sé si son reales o recuerdos. Solo sé que duele. No los golpes, las fracturas, el hambre o la mugre. Duele la ausencia, imaginar que no volveré a verlas. A Eden, a mi hija, ese pedacito de cielo que creamos en medio del infierno.
Pero cuando la vi ahí frente a mi padre, sentí que las fuerzas volvían a mí. Las ganas de luchar, levantarme y romperle la cara a Nikolai por traerla a la cueva del lobo, en el ojo del huracán.
No sé qué demonios están pensando esos dos. Sé que Eden es muy testaruda y estoy seguro de que de alguna forma convenció a mi hermano de venir a salvarme. Pero no hay salvación para mí y lo que sea que estén planeando es un suicidi0.
Empuño las manos con fuerza a pesar del dolor. Juro que perseguiré a Nikolai hasta en el mismísimo infierno si por su culpa a ellas les pasa algo.