Lucía
Después del desayuno, me quedo un momento mirando mi taza vacía. El líquido negro ya no tiene el sabor esperado. Me pregunto si debería decir algo, protestar, negarme... pero las palabras se quedan atascadas en mi garganta. Sus ojos, fijos en mí, ardientes e inmutables, hacen que cualquier resistencia sea inútil.
— ¿Quieres un café para llevar?
— No... está bien.
Siento su sonrisa, apenas perceptible, pero suficiente para hacerme estremecer. Él ya sabe lo que pienso incluso antes de que l