Lucia
La luz de la mañana se filtra a través de las pesadas cortinas, dorando el aire de la habitación con una dulzura engañosa. Es una luz de paz, casi irreal, que aún no sabe lo que ha sucedido en este espacio cerrado unas horas antes.
Me despierto en el hueco de su brazo, mi mejilla contra su cálido torso, mi piel pegada a la suya. Él respira lenta y profundamente, como un hombre que duerme sin miedo. Yo no me atrevo a moverme, atrapada entre el deseo de quedarme allí y el de alejarme de esta