El refugio se encontraba sumido en un silencio espeso. Cada rincón parecía cargado con la tensión de la incertidumbre, como si hasta las paredes contuvieran el aliento esperando alguna noticia. En una de las salas, sentadas alrededor de una mesa improvisada, estaban Sarah, Sofía y Luna. Frente a ellas había tazas con agua tibia que nadie bebía.
—¿Y si…? —comenzó Sarah, pero las palabras se le ahogaron en la garganta. Sus manos temblaban levemente sobre su regazo.
—¿Si qué? —preguntó Luna, aunqu