El león despierta:
Santiago ya no dudaba.
La sangre de su hija en peligro había sido la última línea. Aquel intento de secuestro no solo fue una amenaza: fue una declaración de guerra. Desde entonces, algo en él cambió. Su mirada ya no temblaba. Su voz no se quebraba. Y su corazón, aunque seguía latiendo por Sarah y Alma, ahora latía con más furia que miedo.
Se levantó antes que el sol, como cada día desde aquel intento. Su rostro tenía sombras permanentes bajo los ojos, pero su cuerpo se mante