Pero entonces, cuando las empujaron al interior de una camioneta negra…
—¡Deténganse, idiotas! —rugió una voz familiar.
Aria abrió los ojos con el corazón detenidito.
Arthur.
Bajó del vehículo, sin máscara, respirando agitado.
Los hombres se apartaron para dejarlo pasar.
Sofía sollozó al verlo.
—¿Arthur? ¿Qué estás haciendo? ¡Dios, pensé que… que iban a matarnos!
Arthur la ayudó a subir, intentando calmarla.
—Fue la única forma. No podía acercarme a ustedes ahí dentro. Todas las salidas estaban