En su oficina privada, el Senador Vega recibió un sobre sellado con el logo de la Fiscalía Superior. Al abrirlo, una sonrisa demente se dibujó en sus labios. Era la Orden de Allanamiento Definitiva, firmada y autorizada para ser ejecutada con apoyo de fuerzas tácticas especiales.
—Ahora sí, Marchetti... —siseó Vega, golpeando el papel contra su escritorio—. Crees que tus muros son impenetrables, pero voy a entrar con el ejército si es necesario. No quedará ni una piedra sobre otra.
Vega tomó