Tras ver el coche de su padre desaparecer por el portón, Victtorio se pasó una mano por el rostro, tratando de borrar la marca de la bofetada y la furia que sentía. Aria, con la elegancia que la caracterizaba, le puso una mano en el hombro.
—No dejes que Ginna gane esta batalla psicológica, Victtorio —le dijo Aria con voz firme—. Ella quiere que te desmorones. Ahora, usa esa rabia para destruir a Vega. Esteban, ve tras ellos. No dejes que Ginna tenga un segundo a solas con tu padre.
—No le qu