La música del salón seguía vibrando cuando el senador Vega se despidió de Aria con una sonrisa lenta, demasiado personal.
Victtorio lo observó marcharse mientras apretaba la mandíbula tanto que el músculo le temblaba.
Aria sintió la tensión detrás de ella incluso antes de que él hablara.
—Conmigo. Ahora. —gruñó Victtorio, sin tocarla, pero con esa autoridad que se le clavaba en la piel.
La guió hacia uno de los pasillos laterales del hotel Harrison, lejos de los invitados, lejos de Carte