La noche había caído sobre Manhattan como un telón de terciopelo negro, iluminado por las luces doradas del lujoso Hotel Harrison, propiedad de una de las familias más poderosas de la ciudad. Allí se celebraba la esperada fiesta de bienvenida del senador Adrián Vega, un evento donde convergían políticos, empresarios, herederos y tiburones sociales que olían la sangre del poder.
La fila de automóviles de lujo frente a la entrada parecía interminable.Limosinas negras, Ferraris rojos, Rolls-Royce