Alessandra de Marchetti apretó el rosario entre los dedos cuando Carter terminó de hablar.
—¿Estás seguro? —preguntó por tercera vez—. ¿De verdad están bien?
—Sí, señora —respondió Carter con respeto—. Aria y Sofía están a salvo. Ya están en la mansión.
Elio soltó el aire que llevaba horas conteniendo.
—Gracias a Dios… —murmuró—. Esa niña no merecía nada de esto.
Alessandra se sentó lentamente, aún pálida.
—¿Qué ocurrió? ¿Fue un intento de robo? ¿Un ataque político? —preguntó—. No entiendo por