Sofía cerró la puerta de la habitación con cuidado. Aria estaba de pie junto a la ventana, los brazos cruzados, mirando el jardín como si ya no le perteneciera.
—Aria… —dijo Sofía con cautela—. ¿Qué fue eso allá abajo? Nunca… nunca te había visto así.
Aria no respondió de inmediato. Respiró hondo.
—Porque me cansé —dijo por fin, sin girarse—. Me cansé de tener miedo. De ser la presa. De cargar con una muerte que no es mía.
Sofía se acercó despacio.
—¿Por Isabella?
Aria asintió.
—Esa muj