Raquel estaba en el salón del hotel, con el rímel corrido y la copa temblándole en la mano, cuando recibió la llamada.
—La señora Alessandra desea verla en el lobby privado. Ahora —ordenó un guardia de los Marchetti.
Raquel sintió un escalofrío. No era una invitación.
Cuando llegó al lobby aislado, encontró a Elio Marchetti y Alessandra, ambos en una postura fría, elegante y acostada como una sentencia.
—Siéntate —ordenó Alessandra, sin levantar la voz.
Raquel tragó saliva y obedeció.
Elio cruz