La puerta se cerró tras Carter y Sofía, dejando un silencio que pesaba como una amenaza.
Vittorio dio dos pasos hacia Aria.
Dos pasos que eran puro control.
Y furia.
El ambiente se tensó como si alguien hubiera tensado un hilo alrededor del cuello de ambos.
—Ahora sí —murmuró, acercándose—. ¿Por qué estabas llorando?
Aria bajó la mirada apenas un segundo, culpable… pero solo en apariencia.
No podía decir nada real.
No podía admitir la llamada.
Así que levantó el rostro con calma falsa.