DOS DIAS DESPUÉS.
La camioneta negra avanzaba por la Quinta Avenida como un animal silencioso. Dentro, el ambiente olía a perfume caro y cuero italiano. Aria observaba por la ventana, intentando ocultar la presión que sentía en el pecho.
Sofía, en cambio, estaba pegada al vidrio como una niña entrando a Disneyland.
—Aria… —susurró, casi sin respirar—. ¿Viste ese vestido? Creo que era de edición limitada de Elie Saab.
—Respira —respondió Aria, fingiendo calma—. Aún no hemos entrado.
Ale