capítulo 23— El agua que no perdona.
La Última Habitación
El gong final había sonado.
Solo quedaba una competidora en el laberinto.
Diana entró en la última sala con el corazón latiéndole en la garganta.
Era un cubo perfecto de cristal reforzado, de cinco metros de lado, vacío salvo por un pedestal de piedra en el centro. Encima, un acertijo grabado en plata lunar.
El cronómetro en la pared marcaba 3:00 minutos.
«Responde y la puerta se abrirá.
Falla y el precio será justo.»
Diana leyó en voz alta:
«Soy lo que une al lobo y a