El amanecer que marcaba la salida hacia la manada de Estrella Plateada llegó sin pedir permiso. El cielo apenas clareaba y, aun así, el corazón de Diana llevaba horas despierto. Se ajustó las vendas de entrenamiento mientras miraba por la ventana. Allá afuera, su hogar entero estaba en movimiento: guerreros cargando cajas, omegas clasificando alimentos, betas dando instrucciones rápidas y precisas. Era la rutina natural de Luna Creciente, pero esa mañana… todo se sentía distinto.
Era la última