Mundo ficciónIniciar sesiónEn una noche oscura, una bruja llamada Esmeralda corría por el bosque con lágrimas corriendo por su rostro. Su esposo planeaba matarla, y ella huía desesperadamente con su hija recién nacida en brazos. Querían darle muerte porque ella, esposa de un brujo, había dado a luz a una híbrida, mitad bruja y mitad loba. Meses atrás, Esmeralda había sido atacada por un lobo y quedó embarazada, pero mantuvo el secreto. Cuando su esposo regresó de una misión, se sorprendió al encontrarla encinta. Aunque dudó, permitió que el embarazo siguiera su curso. Al nacer la niña, su esposo decidió matarlas a ambas. Esmeralda, con su hija en brazos, llegó a un claro en el bosque y, entre sollozos, clamó a la diosa Luna por la vida de su hija. En ese momento, su esposo la alcanzó y la mató con un hechizo. Sin embargo, cuando intentó atacar a la bebé, esta desapareció misteriosamente.
Leer másLos años no se detenían, y con ellos, el pequeño Azael creció hasta convertirse en el alfa indiscutible de la manada y el aquelarre. Había heredado más que sangre; había tomado el poder de la tierra, el susurro de los antiguos y la fuerza inquebrantable de quienes lo precedieron. No era sólo un lobo o un brujo; era el trihíbrido, una criatura única, capaz de dominar los elementos que le corrían por las venas.En sus ojos ardía el fuego de Alaric, el poder ancestral que su padre, Arthur, había marcado con la daga que se convirtió en símbolo y arma. Esa misma daga, la única capaz de destruirlo, era ahora su aliada más preciada. Un símbolo de la historia y del futuro que él mismo comenzaba a forjar.La noche había caído sobre el valle de Koral. El aire se cargaba con la tensión de una batalla que se avecinaba. Azael sabía que esta pelea era más que una lucha por territorio o poder; era un desafío al orden, a la supervivencia misma de su manada y a la esencia de lo que él representaba.Co
Nunca olvidaré ese día. Lo recuerdo como si estuviera grabado en cada fibra de mi ser, porque fue un momento en que todo cambió. Emily y yo llevábamos mucho tiempo esperándolo, sufriendo, luchando contra fuerzas que muchos no comprenden. Pero en ese instante, cuando la vida llegó a nosotros en forma de un pequeño ser, todo se volvió real y definitivo.Estaba sentado junto a ella, sosteniendo su mano con tanta fuerza como delicadeza. Su respiración era agitada, pero había en sus ojos una determinación férrea. No era solo el cansancio de la batalla física, sino el peso de lo que estábamos a punto de enfrentar. Azael, nuestro hijo, estaba a punto de nacer. No era un bebé común. Ni siquiera un híbrido cualquiera. Era un trihíbrido: la mezcla perfecta y peligrosa entre lobo, brujo y algo más, algo que llevaba dentro el poder de Alaric.Emily, con voz baja pero clara, rompió el silencio.—Arthur —me dijo—, nuestro hijo no será como Alaric.Sentí que esas palabras tenían un doble filo. Era u
★ArthurtAbrí los ojos con una lentitud casi dolorosa, como si cada músculo, y cada fibra de mi ser todavía estuviera sumida en la neblina del agotamiento más profundo. La luz tenue que se filtraba a través de la ventana dibujaba sombras suaves sobre el cuarto, pero no importaba la oscuridad o el resplandor, porque lo primero que mis ojos captaron fue su rostro. Emily.Sentí el latir de mi corazón al unísono con el suyo, un ritmo que prometía que, pese a todo, seguíamos juntos en esta batalla interminable. Lentamente, sin hacer ruido para no romper ese frágil momento, me incorporé con cuidado para no perturbarla. Estiré el cuerpo despacio, como alguien que ha sido marcado por la guerra y las heridas, pero que, contra todo pronóstico, todavía tiene la voluntad de seguir luchando. La fuerza había vuelto a mí en parte, pero sabía que aún quedaban cicatrices invisibles por sanar, y memorias que la batalla había tatuado en mi espíritu.Mis pasos me llevaron fuera de la habitación, recorrie
Después de todo lo que habíamos sufrido, de las batallas libradas y los miedos que nos habían rozado la piel como sombras que no se querían ir, allí estábamos: Arthur y yo, al fin juntos, despojados no solo de ropa sino de las barreras que el dolor y la incertidumbre habían levantado entre nosotros.Sus brazos me sostenían con una firmeza que hablaba de protección, de que estaba dispuesto a enfrentar cualquier tormenta por mantenerme a salvo. Sentí su calor derritiendo las capas de distancia que nos habían separado, y no pude evitar cerrar los ojos, entregándome a ese momento que parecía suspendido fuera del tiempo.Mis manos se deslizaron por su espalda, recorriendo cada músculo tenso, cada cicatriz que sabía que llevaba no solo en su cuerpo sino en el alma. Arthur respiraba profundo, su pecho subía y bajaba con fuerza, como si cada aliento fuera una afirmación de que estaba vivo, conmigo, y para mí.—Emily —susurró en un tono apenas audible, con su voz vibrando con una mezcla de amo





Último capítulo