Mundo ficciónIniciar sesiónKarina Wilson huye de una deuda de muerte y de un padre que la entregó. Su único refugio es la mansión de Andrew Thorne, el Ceo al que cuida tras el accidente que lo dejó en una silla de ruedas, transformándolo en un hombre amargado y cruel. Andrew no es solo su paciente, es su tirano. Y cuando descubre el secreto de Kary, ve en su desesperación la oportunidad perfecta para la venganza. Andrew le ofrece un contrato: Él paga la deuda, extingue la amenaza y le da su apellido. A cambio, Karina debe convertirse en su esposa por conveniencia, su arma silenciosa para humillar a la familia que lo traicionó. Ella acepta su prisión de oro, pero el tirano no contaba con que Kary no solo lucharía por su vida, sino por la suya. En este matrimonio falso, el odio y el deseo se mezclan, y la dulce rebelde podría ser la única capaz de sanar el corazón de hielo del hombre que juró jamás confiar en nadie. ¿Podrá el amor nacer en medio de la venganza y un contrato despiadado?
Leer másPOV ANDREW La mansión de mi abuelo, Norman Thorne, siempre me había parecido un lugar frío y lleno de soberbia. Al cruzar el umbral del gran salón, el aire se sentía cargado, denso, como si las paredes mismas estuvieran conteniendo la respiración. Allí estaban todos, formando un semicírculo de falsa autoridad: mi madre, Beatrix, con los ojos llenos de una furia contenida; mi abuelo, sentado en su trono de cuero como un rey que se niega a aceptar su caída; y mi primo Gael, que intentaba inútilmente lucir el traje de mando que le quedaba grande en todos los sentidos.Junto a Gael estaba Alison, la mujer que alguna vez fue mi prometida y que no tardó ni un mes en saltar a la cama de mi primo cuando los médicos dijeron que yo nunca volvería a caminar. Verlos allí, pretendiendo salvar un barco que ellos mismos habían hundido, me produjo asco seguidos de náuseas. —Andrew, finalmente —dijo mi abuelo, golpeando su bastón contra el suelo—. Siéntate. Tenemos mucho que discutir sobre el desa
POV KARINA La pregunta de Andrew quedó suspendida en el aire, vibrando entre nosotros como una promesa de libertad. Lejos de aquí. Lejos de la mirada inquisidora de Beatrix, lejos del olor a sangre y pólvora del muelle, lejos de los recuerdos que Sasha intentó profanar. Miré a Andrew, a los ojos del hombre que le había traído este cheque no como una tentación, sino como un mapa de la toxicidad que nos rodeaba.—Sí —susurré, y la palabra se sintió como un suspiro de alivio que llevaba meses reteniendo—. Sí, Andrew. Vámonos. No necesito nada de esto. Solo te necesito a ti.La respuesta pareció romper la última presa de contención en él. Andrew no dijo nada, simplemente me atrajo hacia sí con una ferocidad que me dejó sin aliento. El cheque arrugado quedó en el suelo, olvidado, simbolizando el desprecio absoluto por el valor material que intentaba comprar nuestra felicidad.En la penumbra de la habitación, el mundo exterior desapareció. Ya no había tiranos, ni herencias, ni padres m
POV ANDREW El día había sido una sucesión de números y contratos que no lograban retener mi atención. Mi mente estaba anclada en el departamento, en la imagen de Karina recuperando su luz. Sin embargo, una llamada rompió mi frágil burbuja de tranquilidad.—¿Qué quieres, madre? —pregunté, sin ocultar mi hastío apenas descolgué el teléfono.—Solo quería advertirte, Andrew —la voz de Beatrix sonaba cargada de una falsa compasión, esa que usa cuando está a punto de dar una estocada—. Acabo de ver a tu "adorable" Karina. Le ofrecí una salida, Andrew. Un cheque en blanco para que se fuera de tu vida y dejara de arrastrarte a su miseria de Brooklyn. ¿Y sabes qué hizo?Sentí que el corazón se me detenía un segundo. El aire de la oficina se volvió asfixiante.—¿De qué hablas?—Lo tomó, Andrew. Tomó el cheque sin dudarlo ni un segundo y se marchó con una sonrisa de suficiencia. Esa mujer solo está buscando al mejor benefactor. Primero fue su padre intentando extorsionarte, y ahora ella ace
POV ANDREW Regresé al departamento cuando el sol apenas empezaba a cubrir el horizonte con sus primeros rayos anaranjados, filtrándose entre los rascacielos como una herida abierta. El silencio del lugar era denso, cargado de una paz que yo mismo me sentía indigno de habitar. Me lavé las manos en el fregadero de la cocina, frotándolas una y otra vez bajo el agua helada, viendo cómo el rastro del muelle desaparecía, pero sintiendo que el olor a pólvora y desesperación se me había quedado tatuado en los poros.Entré en la habitación con el corazón pesándome en el pecho. Karina estaba despierta, sentada contra las almohadas con la mirada perdida en el ventanal. Al verme, sus ojos, todavía cargados de la fatiga de la convalecencia, buscaron los míos. Hubo un segundo de silencio absoluto donde solo se escuchaba el tictac de mi propio miedo.Me acerqué con pasos lentos y me senté al borde del colchón. No sabía cómo empezar. Por un lado, quería celebrar que el monstruo ya no volvería a to
POV ANDREW Dejé a Karina dormida, con el rostro sereno y una leve sonrisa que parecía ser el primer brote de paz en mucho tiempo. Pero mi paz era una mentira. Mientras ella descansaba, yo sentía el veneno de la impaciencia corriendo por mis venas. Zack me había enviado un mensaje corto y preciso: "Lo tenemos. Un muelle abandonado en la zona industrial de Jersey. Está solo y desesperado".Me vestí en silencio, colocándome la armadura de mi traje oscuro, y salí del departamento sintiendo que llevaba la muerte en la mirada. Oscar Wilson no era solo un suegro indeseable; era el cáncer que había devorado la tranquilidad de mi mujer, el hombre que la había vendido al dolor por un puñado de billetes. No merecía el aire que respiraba, y yo estaba dispuesto a ser quien se lo arrebatara.El trayecto hacia Jersey fue un descenso a mis propios infiernos. Recordaba a Karina en la cama del hospital, los hematomas en su rostro, su voz rota preguntando por qué su propio padre la odiaba tanto. Cuan
POV KARINA El amanecer en Nueva York siempre tiene un tono grisáceo, pero a través de los ventanales de este nuevo departamento, la luz se filtraba con una suavidad inusual, pintando las sábanas de un dorado pálido. Desperté sintiendo un peso cálido y protector sobre mi cuerpo; el brazo de Andrew rodeaba mi cintura con una firmeza que no admitía huidas, incluso en el sueño. Su respiración, rítmica y profunda, golpeaba la base de mi nuca, enviando oleadas de calor que mi cuerpo, traicionero, recibía con alivio.Me quedé inmóvil, dejando que el silencio de la mañana me envolviera. Por un instante, el dolor de las costillas y el recuerdo del ataque se desvanecieron, reemplazados por una nostalgia punzante. Hubo un tiempo en el que despertar así era nuestra única realidad, un tiempo en el que yo creía que el pecho de Andrew era el único lugar seguro en el mundo. Me dolía recordar esa felicidad, porque ahora me parecía un tesoro robado. ¿Cómo habíamos pasado de esa paz absoluta a este c
Último capítulo