POV KARINA
El vapor comenzaba a empañar el gran espejo de marco dorado del cuarto de baño. El aroma a eucalipto y sales marinas llenaba el aire, pero no lograba calmar el martilleo constante de mi corazón contra las costillas. Había lanzado un desafío, uno que me obligaba a entrar en el santuario más privado de Andrew Thorne, un hombre que preferiría morir antes que mostrar un ápice de debilidad.
Andrew estaba allí, sentado en su silla frente al lavabo de mármol, con los hombros tensos y las