Santino sostuvo la mirada del patriarca por un segundo más, como si intentara descifrar algo oculto en esa expresión envejecida pero aún peligrosa, y luego, sin decir una palabra, hizo una leve seña con la mano hacia el pasillo. Fue un gesto mínimo, elegante… pero cargado de intención.
—Por aquí, señor.
El patriarca asintió apenas, apoyándose en su bastón mientras comenzaba a caminar con paso lento pero firme. Mateo lo siguió en silencio, unos pasos detrás, atento a cualquier movimiento. Stefan