Eres mía

El sonido del monitor aún resonaba en la habitación. Ese pitido constante… frío… definitivo. La muerte no hacía ruido cuando llegaba, pero dejaba un eco imposible de ignorar. Uno que se metía en los huesos, en la piel, en la memoria. Victoria no se movía. Seguía de rodillas junto a la cama, con la mano del patriarca entre las suyas, como si aferrarse a él pudiera traerlo de vuelta. Sus dedos temblaban, su respiración era irregular, pero no lo soltaba. No podía. No quería. Era como si al hacerlo
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