Cuida a mi hija con tu vida.
El día se les escapó entre las manos sin que ninguno de los dos hiciera el más mínimo intento por detenerlo.
La puerta de la habitación permaneció cerrada durante horas.
El mundo exterior dejó de existir.
Victoria perdió la noción del tiempo, y Santino… por primera vez en mucho tiempo, dejó de pensar en guerras, en poder, en reglas. Todo se redujo a ella. A su risa suave, a su forma de mirarlo, a la manera en que su presencia parecía desarmarlo sin esfuerzo, a concretarse solo en sus brazos.
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