El hombre que estaba dentro Davis, tardó unos segundos en reaccionar. Sus manos temblaban mientras intentaba acomodarse, pero antes de que pudiera siquiera incorporarse por completo, una mano firme lo sujetó del cuello de la camisa y lo obligó a bajar.
—Camina —ordenó George con voz fría.
Davis tropezó apenas tocó el suelo. Sus zapatos rozaron el cemento sucio mientras levantaba la vista con desesperación.
—George… primo… ya te dije todo lo que sabía —balbuceó—. No tengo más información.
George