La ciudad parecía respirar más rápido esa noche, como si incluso el aire supiera que algo se estaba rompiendo en sus cimientos. Dentro de la mansión que ahora le pertenecía por derecho y sangre derramada, Santino no se permitió un solo segundo de pausa. No después de lo ocurrido. No después de verla arrodillada, llamando “papá” a un hombre que había muerto segundos después. No después de sentir cómo algo dentro de él también había cambiado con ese sonido.
Mateo caminaba a su lado por el pasillo