Berlín, Alemania
Viktor
El sueño la reclama, y yo me quedo allí, observándola. Su respiración se vuelve más pausada, su cuerpo se relaja, y parece estar en paz.
La observo dormir, permitiéndome analizar cada detalle de su rostro. Su piel sigue pálida, con rastros del tormento por el que pasó, y sus pestañas aún están húmedas, evidencia de las lágrimas que derramó antes de que yo llegara. Pero ahora… ahora su expresión se ha suavizado.
Es extrañamente fascinante verla así. Vulnerable. Y es en es