Berlín, Alemania
Emilia
El sonido del agua corriendo llena la cocina mientras lavo los platos del desayuno. Mis manos se mueven de forma automática, sin que mi mente realmente procese lo que estoy haciendo. Estoy tan sumida en mis pensamientos que ni siquiera me molesto en secar una lágrima solitaria que se desliza por mi mejilla y cae en el agua jabonosa.
No puedo evitarlo. No después de lo que pasó con Konstantin, menos después de la forma en la que me ahogó una y otra vez hasta que estuvo sa