Berlín, Alemania
Emilia
El sabor salado de mis propias lágrimas se mezcla con la calidez de sus palabras. Aún escucho su voz temblando cuando me dice que me ama. Que no quiere pelear más. Que ya no tiene fuerzas para negarse a lo que somos.
Y yo… Yo no puedo sostenerlo más dentro de mí. Mi garganta arde, pero logro reunir algo de voz. Mi mano se aferra a la suya, temblorosa.
—Yo también te amo —susurro, y mi pecho se estremece al decirlo en voz alta—. Te amo, Viktor. Te amo tanto que a veces du