Berlín, Alemania
Emilia
Apenas han pasado tres días desde que casi muero y aún siento la herida latir bajo la piel como un recordatorio de lo cerca que estuve de perderlo todo, pero hoy no hay lugar para el miedo ni para la fragilidad. Hoy tengo una deuda que saldar. Ha llegado el día de que esas mujeres, aquellas por las que luché, por fin vean la luz del día y regresen a sus vidas.
—Emilia, por favor… —La voz grave de Viktor resuena detrás de mí mientras me pongo un abrigo ligero.
Me giro y