Berlín, Alemania
Viktor
El aire en el sótano de mi mansión siempre es frío, pero esta noche tiene un filo distinto. Un filo que huele a sangre seca y a miedo. El miedo no es mío, sino de aquel enemigo que he ansiado tener en mis manos desde hace años.
Konstantin se apoya despreocupadamente contra la pared, limpiándose las uñas con la punta de un cuchillo, mientras Reinhard balbucea algo que no me interesa oír. No todavía. Paso la mirada por encima de su cuerpo derrotado, lo más probable es que