Berlín, Alemania
Viktor
Todo sucede tan rápido que apenas y puedo procesarlo.
—¡Emilia!
No pienso. Solo corro. La sangre me hierve en las venas. El mundo a mi alrededor se vuelve un eco distante: disparos, gritos, pasos… nada importa. Nada, excepto el cuerpo inerte que sostengo contra mi pecho.
Siento su sangre empapar mis brazos.
—¡Joder, no! —gruño, sosteniéndola como si pudiera con eso evitar que se apague.
Ella no reacciona. Su cabeza se balancea hacia atrás, como una muñeca rota. Sus pestañ